domingo, 22 de mayo de 2011

20.05 Marcuse. Pensamiento y realidad

Bitácora de la clase del 20 de mayo de 2011

Versión de Rodrigo Gastón García

“El pensamiento tiene que gobernar la realidad.”

Durante esta clase comenzamos a revisar en general los planteamientos introductorios que Marcuse hace sobre la teoría hegeliana en Razón y  revolución, bajo una perspectiva crítica y ciertamente original que nos permite pensar las similitudes entre Hegel y Marx.

Una idea central en la filosofía de Hegel es que la verdad no reside en los resultados, sino en los procesos, y que para conocer la realidad de alguna cosa es necesario acudir a su historia; es más o menos esto lo que hace Marcuse al contextualizar a Hegel. La Revolución Francesa fue el suceso histórico más relevante del momento en el que Hegel comenzó a estructurar su sistema filosófico, pues dicho movimiento, además de iniciar un proyecto político nuevo en Francia, puso en entredicho la miserable realidad alemana, que no parecía coincidir con el gran desarrollo intelectual en el cual se desenvuelve Hegel.

En efecto, su teoría responde de varias formas al reto que planteó la Revolución Francesa: cómo reconstruir un Estado y una sociedad a partir de la razón para superar las contradicciones sociales que predominan, es decir, los problemas que genera la “sociedad individualista”, en donde cada uno se preocupa exclusivamente de su propio bienestar, dejando al margen el “bien común”. Así lo intentó justamente la Revolución Francesa –que podemos pensar como el primer intento de transformar la estructura social colectivamente y organizarla mediante la razón–, motivada por las ideas de la Ilustración que destacaron valores como la libertad, la igualdad y la fraternidad, y que sin embargo fracasó, culminando en la época conocida como el Terror. Es sobre la libertad del ser humano que Hegel concentra sus esfuerzos teóricos.

La libertad es una determinación de la conciencia, de la razón, cualidad que los objetos –como las piedras o las plantas– carecen, aunque éstos también tengan determinaciones (pasivas). Es precisamente la conciencia de las determinaciones (activas) lo que dota al ser humano, a diferencia de las piedras, de libertad, lo que le da la capacidad de autodeterminarse, pero no sólo a sí mismo, sino de ordenar su propia sociedad. Así pues, la razón es el “instrumento” específicamente humano para ordenar la sociedad y superar las contradicciones de ésta.

¿Pero cómo o con base en qué se ordenará la “nueva” sociedad? Recordando los textos que revisamos de Hegel, retomamos la idea de que la libertad puede entenderse –equívocamente– como arbitrio (el hacer lo que se quiere), que debe superarse necesariamente para ordenar una sociedad; la libertad también puede entenderse como únicamente interior, como sólo libertad de pensamiento. Pero la libertad humana debe hacer coincidir la razón con la “exterioridad”, es decir, la materialidad. Y esto sólo puede lograrse mediante los universales, pues la superación de las contradicciones sociales parte de la conciencia de que las cosas “están mal” y de que “deben ser” de otra forma; es por esto que “el pensamiento es más real que sus objetos”, pues la realidad aparente, la de los hechos, es real en sí, pero sólo mediante la realización de sus potencialidades –esto es, sus universales– se torna “realmente real”, es decir, cuando la realidad deviene para sí. En pocas palabras, Hegel propone que como ser libre y racional, el humano puede dirigirse colectivamente, como humanidad, hacia y por los universales en su empeño de construir una mejor sociedad.

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